PASÓ LO PEOR: Y AHORA… ¿CÓMO SEGUIMOS ADELANTE?

campo crisis_6Para cualquiera que está inundado que perdió hacienda, cosecha, etc.. puede parecer una tontería esta nota. Pueden pensar «Qué fácil es escribir cosas lindas, el inundado soy yo, no el que escribe…».

El campo de mi familia se inundó muchas veces, la peor estuvo con 70 centímetros de agua en el 80% del campo durante dos años y siguieron entre 20 y 40 centímetros en el 60% del campo durante 10 años más, cuando el agua se fue quedó salitre negro sobre el suelo que tardó 5 años más en lavarse hasta que el suelo recuperó cierta calidad productiva y la gran pregunta era todo el tiempo, ¿de dónde sacamos dinero para vivir si del campo no va a poder salir?, y enfrentamos la realidad sin pedir ayuda ni esperar nada del gobierno, e hicimos sacrificios, ajustamos nuestro estilo de vida, buscamos nuevas formas de ingreso y el esfuerzo pasó también por cuidar la tierra, por no tener que llegar a venderla porque siempre apostamos a que el campo en un mundo que crece es y será cada día más, un buen negocio.

Entonces, con la experiencia que me da el hecho de haber logrado que mi familia siguiera adelante en medio de años de inundaciones y otros problemas y sin quererle decir a nadie lo que tiene que hacer, me pregunto y comparto con ustedes: «¿De qué hablamos cuando hablamos de seguir adelante después de un desastre?.

Hablamos de que no puedo darme el lujo de desanimarme, ya que mi familia depende de mí y de mi capacidad de improvisar, pensar, inventar, imaginar soluciones, para salir del paso, entonces – y esto es muy difícil – tengo que meter mi corazón en una cajita de plomo, y concentrarme lo más objetivamente posible en evaluar qué perdí, qué rescato, qué necesidades imprescindibles deberé cubrir y con qué recursos cuento para seguir adelante.

Hoy mucha gente se lamenta como si fuera el fin del mundo de haber cosechado 22 en vez de 35 quintales de soja, y por ahí salieron hechos, pero han podido conservar sus equipos de trabajo, recuperar parte de su capital, mantener su hacienda, mientras que otros perdieron el 100 % de su cosecha o de su base forrajera y se las van a ver muy mal para seguir en la actividad que hacen. Entonces las quejas no son todas igual de justificadas.

Hablamos además de que quejarse, lamentarse, no sirve de nada, no va a cambiar nada, es una pérdida inútil de energía que en todo caso convendría usar para protestar en las comunas y gobiernos provinciales para que ahora sí, de una vez por todas, empiecen a usar los recursos de los impuestos que paga el campo en obras de infraestructura que aseguren la producción y la circulación y calidad de vida de la población rural que le pone el pecho a estos desastres en medio de caminos de tierra iguales que los que había hace un siglo.

Hablamos de que siempre hay alternativas para seguir adelante, va a haber que elegir la más adecuada, ninguna va a estar exenta de hacer sacrificios y ninguna será perfecta.

Perdí el forraje, ¿puedo aguantar las vacas y no malvenderlas hasta que recomponga la base forrajera?.

Tuve que vender la hacienda, ¿puedo trabajar con mis máquinas o vivir del alquiler de la tierra?.

Perdí mi capital de trabajo, ¿Estoy dispuesto a achicarme para empezar de nuevo?,¿a vender algo, una porción de tierra, una casa en el pueblo, lo que sea para recomponer mi capital de trabajo y empezar de nuevo aunque sea con menor escala?.

¿Puedo asociarme con otros, complementar mi tierra con su hacienda u ordeñar mis vacas en el tambo de otro que perdió su hacienda?.

Y las preguntas y respuestas podrían seguir por un buen rato ya que hasta para el que tiene que salir del negocio puede haber oportunidades nuevas y hasta mejores.

¡Cuánta gente no está contenta con la actividad que lleva adelante y se resigna a vivir una mala vida por temor a cambiar!, a veces estas crisis son las que por fuerza nos obligan a cambiar. Si las sabemos usar a favor nuestro podremos encontrar una nueva actividad que nos haga más felices, en este o en otro negocio.

El ánimo, la energía para seguir adelante.

De nuevo pregunto, ¿qué perdí?.

Lo más habitual es perder COSAS, que me costaron trabajo, esfuerzo, sacrificio y que me da mucha bronca perder, pero sigo teniendo muchas otras cosas muy valiosas que debo conservar, por ejemplo, no me puedo dar el lujo de perder mi salud por deprimirme o limitarme a quejarme de todo lo malo que me pasa. Debo estar lúcido y mantener el ánimo para continuar, ¿cómo hago?, dos o tres pistas:

Cuenten todo lo que aún tienen para salir adelante, ¡¡cuenten sus bendiciones!!, todos los días.

Tengo a mi familia.

Tengo buenos amigos.

Tengo un buen nombre, nunca jorobé ni estafé a nadie.

Tengo salud, tengo educación, se hacer cosas útiles para los demás.

Salvé algo de capital, mi tierra, algo.

Y la lista puede seguir larga.

Júntese con otras personas que la estén peleando con coraje, con ganas de encontrar soluciones para superar la situación.

Evite a los quejosos crónicos que si antes se quejaban de todo hasta sin motivo hoy sí tienen de qué quejarse y seguramente lo harán más que antes y al igual que antes, no le van a aportar nada y le quitarán su energía.

A la noche váyase a la cama con ánimo.

Apague el televisor, más aún si es para escuchar a gente que destila veneno, resentimiento o mediocridad, esas cosas enferman el alma y no van a cambiar en nada su situación, al contrario, le van a consumir lo poco de energía que le queda y sin sentido.

Búsquese una buena comedia o una película entretenida y mírela con su familia, o mejor aún apague el televisor y hablen, hagan planes, compartan los sueños, las preocupaciones y proyectos de cada uno y piensen como entre todos van a superar mejor la situación.

Las crisis son pruebas que nos pone la vida para obligarnos a ser mejores.

Mejores personas, mejores padres, mejores hijos, mejores empresarios, mejores líderes.

¡Usemos la crisis como una oportunidad para ser mejores! Y seguramente saldremos fortalecidos de esta prueba que la vida nos pone por delante.

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