Educando a nuestros hijos - 1° parte - Fernando Ravaglia

EDUCANDO A NUESTROS HIJOS – 1° PARTE

empresa familiarCualquier padre que se precie, siente que le «flamean los pantalones» cuando su hijo, particularmente al final de la secundaria, le dice que no piensa seguir estudiando sino que se va a dedicar a trabajar.

Este planteo es bastante común, sobre todo en las comunidades rurales y en la empresa agropecuaria familiar en particular, ya que los hijos saben que van a tener una oportunidad de empezar a ganarse un lugar a partir de su condición de hijos y muchas veces dan por sentado el éxito en su futura gestión empresaria.

Como en toda situación, según la forma en que la manejemos, podemos encontrar o ir generando nosotros mismos amenazas u oportunidades, o dicho de otra manera, construyendo a futuro el éxito o el fracaso.

¿Cuáles son los riesgos de esta situación?, uno que se comprueba con bastante frecuencia, es que el hijo arranque como operario (tractorista, sembrador, responsable de hacienda o tambero, etc.), siga como operario, y a los 40 o 50 años, cuando «papá» ya con sus buenos 70 y pico y cansado de manejar la empresa le pase «la batuta», descubra que va a delegar el manejo de la empresa en un hijo tractorista, muy buena persona, muy comprometido con el negocio, capaz de manejar, mantener un tractor y regular correctamente una serie de máquinas, pero sin los conocimientos ni las habilidades necesarias para llevar adelante las decisiones de un negocio cada vez más complejo.

Otro de los riesgos que se presenta también con frecuencia, es que se le dé al hijo autoridad sin haber pagado «derecho de piso» o haber ganado experiencia suficiente para llevar adelante con idoneidad el cargo de gerente, con lo cual también se arriesga el futuro de la empresa si quien está a cargo manda por el simple hecho de tener «título de hijo», o «portación de apellido» como también se expresa a menudo pero no tener experiencia o autoridad genuina.

¿Cómo evitamos estos problemas?

Educando y entrenando correctamente a nuestros sucesores para que más allá de que obtengan o no un título universitario, se conviertan en gerentes profesionales de la empresa rural o del negocio que quieran llevar adelante. ¿Y qué implica esto de ser profesionales? Implica tener los valores, las actitudes y los conocimientos que les permitan resolver las dificultades y superar los obstáculos que la coyuntura les vaya presentando en el camino.

Vamos por partes, ¿Cómo es esto de los valores?, ¿Qué valores?

Los valores constituyen esa especie de luz interior que nos guía en los momentos de prueba, cuando hay que elegir entre lo que está bien y lo que está mal, cuando debemos enfrentar un momento difícil y no derrumbarnos.

Los valores se “maman” desde la cuna en nuestro hogar o en la escuela, con las personas que nos rodean.

¿ Y Por qué hablo de valores para la competitividad?.

Porque a fuerza de ver y analizar muchos casos reales de empresas y personas a las que les va bien y otras a las que les va mal, uno encuentra comunes denominadores en el éxito y en el fracaso.

Estos son algunos de los comunes denominadores en lo referido al tema valores de las personas que manejan empresas y logran buenos resultados y cuando digo buenos resultados no me refiero meramente a lo económico, sino al hecho, para mí más trascendente, de lograr familias sólidas y felices.

Responsabilidad, Honestidad

En un mundo dominado por la sociedad de consumo, en donde lamentablemente nos vamos acostumbrando cada vez más a ver como para mucha gente el fin justifica los medios con tal de llegar a la riqueza, la responsabilidad y la honestidad se empiezan a hacer bienes escasos.

Una de las ventajas del sector agropecuario es que somos pocos y nos conocemos bastante, con lo cual a la larga las personas poco serias, las que engañan, estafan o usan malas artes para hacer negocios, son reconocidas y van quedando raleadas (o por lo menos, así debería ser).

Tenemos que entender que ser responsables y honestos es bueno porque nos hace mutuamente predecibles, es decir, confiables frente a nuestros semejantes, y siempre es mejor hacer negocios con alguien predecible que con alguien que nos obliga a estar siempre “en guardia” para que no nos estafe.

Tenacidad, Disciplina, Paciencia y Capacidad de Sacrificarse.

Cada dificultad que enfrentemos, nosotros, nuestros hijos, será una prueba que nos tentará con abandonar, dejar todo esfuerzo de lado y seguir un camino aparentemente más sencillo.

Frente a estas pruebas hará falta ser tenaces, esto es, mantenernos firmes y pertinaces en el cumplimiento de nuestros objetivos. Debemos tener disciplina para no desviarnos frente a tentaciones de hacer plata rápido y de un modo sencillo, o con cosas que nos propondrán y no tiene nada que ver con nuestro negocio.

Paciencia, porque el éxito se toma su tiempo para llegar y nos exige insistir muchas veces hasta alcanzarlo, postergando los gustos y teniendo que hacer muchos sacrificios en favor de nuestras empresas y familias.

Optimismo y Buen Humor

Como siempre digo, es complicado tener que enfrentar dificultades cotidianamente, pero hacerlo con mal ánimo y pensando permanentemente en el fracaso, es cargarse la espalda con un agobio similar a una mochila llena de piedras, mientras que si somos optimistas – ojo, no estoy diciendo ingenuos sino optimistas con realismo – el agobio se hace mucho mas llevadero y de hecho se resuelven los problemas mejor y más rápido.

El buen humor es necesario porque seguramente meteremos la pata muchas veces, y siempre será mejor, mientras se aprende y uno va conociéndose mejor a sí mismo, tener la capacidad de reírnos de nuestros propios errores.

Solidaridad, Respeto

Estos valores se comprueban especialmente cuando nos relacionamos con nuestros empleados, cuando intentamos que frente a la actividad empresaria no se conviertan en meros asalariados sino en personas que crezcan y progresen junto con nosotros. Que hagan propio nuestro proyecto empresario y se vinculen al mismo no en las palabras sino en los hechos, encontrando en nuestra empresa una oportunidad para consolidarse y potenciar el desarrollo personal de sus hijos.

Autosuperación y Autoestima

La autosuperación es esa característica que define a los inconformes eternos que siempre creen que es posible hacer mejor las cosas y se empeñan en descubrir ese camino que nunca acaba, el de apuntar a la perfección.

La autoestima no tiene que ser mal interpretada con la soberbia ni con la vanidad sino con esa necesaria cuota de seguridad en uno mismo que nos hará falta si vamos a enfrentar caminos nuevos, riesgosos y desafiantes.

A estos valores podemos añadir actitudes, acciones que por repetición y por convicción se van afianzando más en nuestra forma de pensar y trabajar hasta hacerse una costumbre constante, una forma de actuar. He aquí algunas que será importante tratar de inculcar a nuestros hijos.

Proactividad

Esta es la capacidad de adelantarse a los problemas, de avizorar con tiempo las dificultades y prevenirlas. De mirar lejos, con visión “de faros largos”, para poder planificar mejor el futuro de nuestra empresa y nuestra vida, y luego de planificar, poner en marcha los planes, lo que nos lleva al tema de la ejecutividad.

Ejecutividad

Hay un tiempo para pensar y hay un tiempo para hacer. Las buenas decisiones cumplen con esta regla, y cuando se han evaluado razonablemente bien todos los caminos no hay más alternativa que poner en práctica la decisión elegida.

Aquí es donde muchas personas fallan por temor a equivocarse y tener que enfrentar las consecuencias de sus decisiones. No tengan dudas al respecto, el que hace cosas corre el riesgo de equivocarse y ser criticado, particularmente los emprendedores e innovadores. El que hace se expone, pero es una de las condiciones necesarias para tener éxito en cualquier actividad que se realice.

Sentido Común

“El menos común de los sentidos”, la facultad de juzgar razonablemente las cosas, sin exagerarlas o minimizarlas sino valorándolas en su justa medida. Frente a un mundo que nos bombardea con novedades, información de todo tipo y calibre, desarrollar el sentido común es cuestión de vida o muerte para una persona que deberá manejar una empresa o que no quiere desviarse del cumplimiento de sus propios objetivos.

Prudencia

La virtud de discernir entre lo bueno y lo malo y de manejarse con cautela y precaución, particularmente cuando se es joven y parece que uno se puede llevar el mundo por delante sin consecuencias desagradables (¡Cómo duelen los primeros porrazos!).

Cuando se ensayan nuevos caminos es saludable hacerlo con cuidado, o como invoca un viejo proverbio africano “Nunca tantees el fondo de la laguna con los dos pies a la vez”.

Creatividad, Imaginación

La creatividad, alimentada por la imaginación, es un arma fundamental, sobre todo cuando hay que hacer cada vez más cosas con recursos más escasos, buscar caminos alternativos, descubrir nuevas formas de hacer las cosas, innovar, adaptar, superar obstáculos, etc. y en los jóvenes hay que lograr que la creatividad no se muera tapada por hábitos repetitivos, sino que se potencie con el desarrollo de la inteligencia.

Flexibilidad mental

Las personas con flexibilidad mental tienen la ventaja de poder evaluar las cosas desde diferentes puntos de vista, y, si descubren ventajas en una forma alternativa de hacer las cosas, la aplican sin mucho problema, o sea, son mas adaptables, una cualidad ventajosa frente al cambio.

Por el contrario, las personas educadas con mentalidad rígida se aferran a una forma específica de hacer las cosas, y se demoran mucho tiempo en cambiar cuando algo deja de funcionar, por lo que tienden a reaccionar tarde a los cambios de la coyuntura.

Espíritu Pionero

El espíritu pionero es una característica de los emprendedores, de aquellas personas que se alejan del camino transitado por la mayoría para descubrir otras alternativas que les permitan lograr mayor rentabilidad o satisfacer su deseo de superar obstáculos e imponerse desafíos cada vez mayores.

El espíritu pionero sería casi el resumen de muchos de los valores que hemos enunciado previamente, y fue el espíritu que alimentó a muchos de los criollos y colonos que se animaron a desarrollar nuestro país cuando no había nada más que campo abierto.

Piense por un momento en su abuelo o bisabuelo, sobre todo si como muchos otros, llegaron de Europa con una mano atrás y otra adelante hace más de un siglo soñando con hacerse el futuro en esta tierra de promisión.

El mismo espíritu de esos pioneros que hizo crecer a nuestro país en aquel entonces es el que debemos rescatar e inculcar en nuestros hijos hoy, que nos toca la desafiante tarea de levantar de nuevo un país desvastado por la mediocridad, la corrupción, el facilismo y la desesperanza.

Hoy como a fines del siglo XIX nos enfrentamos nuevamente al desafío de “colonizar” pero esta vez, en lugar de una Pampa de tierra virgen, es una nueva Pampa, de cabezas, de mentes que esperan ser aradas y fertilizadas, cultivadas por la buena educación, para que den a futuro frutos con la misma generosidad que nos dio la tierra en su momento.

En la próxima nota avanzaremos un poco más pero tocando específicamente el tema de qué habilidades y conocimientos será necesario dominar para gerenciar con éxito una empresa rural moderna. Hasta entonces y mientras tanto ¡A arar cabezas!.

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