El doble filo de la tecnología - Fernando Ravaglia

EL DOBLE FILO DE LA TECNOLOGÍA

Trabajo presentado en el concurso La Nación , Periodismo Agropecuario 1998

Premiado con Mención Honorífica.

tractorTres de la tarde de un día de Diciembre. En la cabina presurizada de una moderna pulverizadora automotriz, Don Pedro, el tractorista de la estancia, desconecta con un violento manotazo el panel de control de los sensores de la máquina. El agudo y persistente «pip pip» deja de molestarlo y ya puede concentrarse en trabajar sin molestias. Lamentablemente, se enteró varios días más tarde de que el «pip pip» le estaba avisando sobre el funcionamiento irregular de cinco de los picos de la pulverizadora, error que luego verificó en el campo viendo el control defectuoso de las malezas que había tratado de eliminar.

En otra empresa de la zona, Juan termina de ordeñar el lote cabeza del tambo a su cargo, y mientras su hijo va aprestando el segundo lote de vacas para seguir el ordeñe, él conduce el primer rodeo a la plazoleta pavimentada donde las vacas consumirán la ración que el asesor nutricionista ha recomendado, una sofisticada mezcla de silaje de maíz, heno de alfalfa de primera calidad, pellets de girasol y el agregado de una gama de sales minerales, núcleos vitamínicos y probióticos ruminales importados del hemisferio norte.

Más tarde le informará con orgullo a Don Roque, su patrón, que el lote de punta promedió en la semana los 32 litros por vaca/día y el de cola 21 litros. Don Roque no se entusiasma tanto, está preocupado porque luego de invertir y seguir gastando mucho dinero para tener un tambo “de punta”, tiene la sensación de que el cheque de la leche no le alcanzará para llegar a fin de mes, y mientras hace cuentas en el aire reza para que el precio de los granos se mantenga bajo y el de la leche suba aunque sea unos centavos más por litro como para ir tirando.

¿Un cuento del pasado? ¿Un par de historias tontas? Lamentablemente no. Apenas dos ejemplos de una realidad que con diferentes matices se repite a todo lo largo del país, en empresas de todo nivel y escala, una realidad que cambia al ritmo vertiginoso de los avances de la ciencia, que en su evolución va generando complicaciones por adopción inadecuada de tecnología.

Veamos otros ejemplos:

– Empresas que ponen todo el esfuerzo en el mejoramiento genético de la hacienda y que luego descuidan la alimentación de ese mismo ganado que con tanto trabajo han mejorado.

– Agricultores con tractores de última generación tirando de sembradoras atadas con alambres que se deshacen por el campo.

– Productores que se embarcan en nuevas alternativas de producción desconociendo los aspectos mínimos de comercialización de esos cultivos o productos especiales.

– Productores de todas las áreas que se concentran solo en los aspectos productivos y descuidan la administración de sus negocios.

A esta altura usted se estará preguntando: “pero, y entonces… ¿Está mal aplicar tecnología?. ¿Adónde hay que apuntar?.

productorHay que apuntar a desarrollar empresas eficientes, rentables y sustentables, de modo que esa capacidad de producir y generar ganancias se consolide y perdure con el paso de los años.

La nutrición animal, la genética, las modernas máquinas de trabajo, los equipos de riego, los nuevos híbridos desarrollados con biotecnología, todos son desarrollos tecnológicos importantes que ayudan a alimentar a una humanidad que crece, pero pueden tener tanto un impacto positivo como atentar contra la empresa que los aplique mal, de ahí su condición de “armas de doble filo”.

Justo Von Liebig, en su famosa «Ley del Mínimo», nos da pistas para entender porqué fracasan muchas empresas; recordémosla brevemente: “Todo sistema que dependa de varios factores para producir lo hará hasta donde llegue la capacidad del factor más limitante. El mínimo es el factor de regulación del sistema”.

Quiere decir que, para poder evolucionar hacia mayores niveles de rentabilidad y eficiencia, lo que debemos hacer es trabajar para remover “los mínimos” de nuestras empresas.

Apliquemos esta idea a algunos de los ejemplos anteriores:

– Si mis vacas tienen capacidad genética para producir 40 litros de leche por día pero comen lo suficiente para producir 20 litros, seguirán en ese nivel hasta que mejore la alimentación. Paralelamente tendré que cuidar los costos, porque el objetivo de un buen empresario no debería ser producir 40 litros por vaca a cualquier costo, sino lograr un buen margen económico por litro de leche y, a partir de ahí, condicionar el planteo productivo.

– Lo mismo ocurre con la maquinaria: el proceso de siembra no mejorará sólo por tener un buen tractor, dependerá también de la calidad de la sembradora. Asimismo, si tengo un equipo nuevo muy sofisticado, no lograré mejoras en los procesos hasta tanto entrene a mi personal en cómo emplear correctamente el equipo.

– Si soy un buen productor pero dejo de lado los aspectos administrativos, porque no me gusta sentarme en el escritorio a analizar números, mi renta se verá limitada por los aciertos o errores que surjan de tomar decisiones intuitivas por no contar con buena información.

Hasta aquí el análisis. Trataré ahora de plantear algunas ideas para mejorar el trabajo cotidiano apuntando a resolver estos problemas:

Detecte y trabaje sobre sus mínimos

rollosHaga las cosas que le gustan pero no pierda de vista sus mínimos.

Las empresas no se funden por las cosas que la gente hace bien sino por las cosas que la gente no sabe hacer o hace mal.

En superar los mínimos está la clave del éxito.

No espere “Técnicas Mágicas” o “salvadoras”

Cada vez que uno aplica un nivel más avanzado de tecnología se resuelve un problema y se generan nuevos problemas en un nivel superior. Ejemplo: si aplico la informática en mi empresa podré agilizar los registros y la generación de información, pero deberé enfrentar el nuevo problema de entrenar a alguien en el uso de la computadora, los programas, y el análisis de los datos.

Evite la visión puntual y el “facilismo”.

Mire a su empresa como un todo hecho de partes que no funcionan en forma aislada sino que interactúan entre sí.

La armonización entre la tecnología dura – las cosas – y la tecnología blanda – instrucciones, manuales, programas – se da por medio del conocimiento que surge de la experiencia – el famoso know how -. Desconfíe de las recetas o de las técnicas aisladas que le eviten la “molestia” de tener que pensar y le auguran grandes resultados; frecuentemente, terminan siendo las más caras y peligrosas.

Antes de tomar la decisión de adoptar una cierta técnica evalúe su capacidad para aplicarla de modo efectivo.

Las buenas técnicas, para ser viables, deben adecuarse a la situación y los recursos disponibles en cada empresa. Pregúntese: ¿Tengo la capacidad financiera de efectuar estos cambios hasta obtener el retorno esperado? ¿Tiene mi personal la capacitación necesaria para manejar con éxito los cambios propuestos? El cambio en cuestión, ¿potenciará o hará más eficientes los procesos actuales? ¿Hay aspectos más importantes a resolver antes de incorporar esta técnica?.

No se olvide de la rentabilidad

Asegúrese de evaluar el impacto económico de la nueva tecnología en la empresa, no confíe en promesas de éxito, verifique en lo posible que los cambios tengan un impacto positivo en el aumento de la rentabilidad en un plazo razonable de tiempo y en situaciones razonablemente desfavorables de mercado.

El Sentido Común, la herramienta irreemplazable

Nunca olvide que las buenas técnicas facilitan la aplicación del sentido común, pero nunca lo llegan a sustituir por sí solas.

Por lo tanto, ejercite todo lo posible esta habilidad. En contextos de cambio como los que enfrentamos es una herramienta irreemplazable.

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