¿Bienestar animal? OK, ¿Y con la gente, cómo andamos? - Fernando Ravaglia

Las condiciones de vida y trabajo de los empleados en el campo contribuyen a un mejor desempeño. Reflexiones y consejos para construir una mejor relación laboral.

En la última década se ha ido tomando cada vez más conciencia de la importancia de cuidar los aspectos que hacen al bienestar de la hacienda, mejorando las instalaciones, el trato y el manejo de los animales para disminuir tanto el estrés como el daño efectivo que sufren por maltrato directo.

En mayor o menor medida estas ideas se han ido aceptando y ya se ven instalaciones, camiones y empleados entrenados para hacer un manejo más amigable de la hacienda.

Sin embargo, no puedo dejar de comparar estos avances con los que hacen de alguna manera al “Bienestar humano”, a las condiciones de vida y de seguridad de nuestros empleados, sin notar que así como en algunas empresas se valora, cuida y educa al personal, en otras, lamentablemente, estos aspectos se dejan absolutamente de lado. Veamos algunos casos:

La vivienda en los campos alquilados
El problema tal vez más frecuente se da en los casos de empresas que alquilan campos con casas o instalaciones de trabajo en estado deplorable, en donde los dueños de la tierra quieren sacar el máximo rédito y desentenderse del estado de las instalaciones. Obviamente, el arrendatario no quiere hacerse cargo de mejoras que quedarán en manos del propietario, sin tener la seguridad de un alquiler a mediano plazo que le asegure recuperar dicha inversión. La consecuencia es encontrarnos con empleados que tienen que vivir a veces en verdaderas taperas con techos que “se llueven”, puertas o ventanas con agujeros por donde entran alimañas, letrinas fuera de la casa, falta de agua caliente y otras “comodidades” por el estilo.

Cuando en las charlas definimos con los productores el perfil que buscan o pretenden en sus empleados, mencionan características como: ambición de progresar, buena educación, limpieza, orden, responsabilidad, honestidad y muchas cosas más.

Pensando con un poco de lógica, me pregunto y les pregunto: “¿qué empleado que tenga todas esas cualidades va a aceptar vivir en un rancho deshecho?”; peor aún, si se trata de algún matrimonio joven, en donde seguramente la señora estará embarazada y los chicos deberán ir a la escuela. Ninguna persona con ambición de progresar aceptará por mucho tiempo las incomodidades descriptas anteriormente.

En estos casos, entonces, se deberá considerar si realmente un rollo de membrana para el techo, un vidrio para una ventana o un calefón económico son inversiones tan importantes como para no hacerlas porque el dueño del campo no se quiere hacer cargo.

Convenzámonos de una buena vez: la calidad de la vivienda, la cercanía a una escuela o a un dispensario sanitario u hospital, también hace a la calidad de empleados que consigamos y, de hecho, una buena vivienda a veces hasta compensa algún peso de diferencia entre diferentes opciones laborales.

La calidad de la vivienda, la cercanía a una escuela o a un dispensario sanitario u hospital, también hace a la calidad de los empleados

En mi caso personal siempre pienso que debo dar tan buenas condiciones de vivienda (especialmente cuando consigo buenos empleados), que la gente no quiera irse de mi empresa.

“Antes dormíamos en un gallinero”
Para ser justo, debo mencionar también situaciones en las que se dieron las condiciones contrarias. Recuerdo especialmente el caso de un productor amigo que construyó una casa nueva para sus empleados, con un baño completo, comedor, agua caliente y todas las comodidades, aleccionado en parte por algunas de las charlas que habíamos tenido. Tomó a un par de hermanos de 17 años que venían del norte como empleados y, luego de un par de meses me dijo con una mezcla de bronca e ironía: “Vaya a ver la casa de los empleados y déme alguna explicación”. Cuando llegué me encontré con un terrible desorden y suciedad en las habitaciones y el comedor, cosas tiradas por todos lados y las gallinas que habían hecho un nido e incluso puesto huevos en el inodoro del baño (lamentablemente no le pude sacar fotos).

Cuando hablé con los muchachos tratando de encontrar alguna explicación al porqué desechaban las comodidades y la limpieza, arruinando todo lo que se les había dado, me dijeron con una mezcla de resignación y justificación “Y qué quiere, el patrón anterior nos hacía dormir en un gallinero…”. Obviamente el problema era mucho más grave y ya tenía que ver con la cultura y el origen de estos muchachos que difícilmente valorarían las comodidades y el buen trato sin acceder previamente a mayor educación.

El buen trato funciona para todos
Los especialistas en comportamiento nos aconsejan sacar los perros de la manga, minimizar las agresiones, los golpes, palos, picanas y cosas por el estilo, aunque parezca mentira, y dando por sentado que no usamos ni palos ni picanas con las personas, el buen trato es uno de los factores que más valoran los empleados a la hora de decidir quedarse o irse de un trabajo, incluso por encima del factor económico.

¿Qué cosas implica el buen trato?; no solo hablar y dirigirse con respeto, sin gritos, insultos, burlas o desprecio, el buen trato también pasa por considerar la opinión de nuestros empleados a la hora de tomar alguna decisión y preguntarles si tienen alguna idea o sugerencia sobre cómo hacer una tarea. No quiere decir necesariamente que hagamos las cosas como ellos dicen, pero el hecho de considerar su punto de vista es algo que valoran y sirve para construir una mejor relación laboral.

El buen trato también pasa por cuidar las condiciones de trabajo de nuestros empleados considerando aquellos factores que hacen a su comodidad y seguridad; de hecho, algunas empresas asignan los equipos nuevos a los empleados que más se destacan por responsabilidad y cuidado de los equipos, y debería quedar claro para todos los integrantes que la asignación de máquinas más cómodas o nuevas no es un capricho sino un premio al desempeño, para que todos sepan porqué conviene destacarse en el trabajo cotidiano.

El buen trato también pasa por cuidar las condiciones de trabajo de nuestros empleados considerando aquellos factores que hacen a su comodidad y seguridad

Aquí también nos encontramos con empleados que, a la hora de proveerles los elementos de seguridad los dejan de lado, siempre con la excusa de que son incómodos o que a ellos no les hacen falta. Otro aspecto en el que tendremos que seguir machacando sin descanso.

Las posibilidades de progresar, otro factor de bienestar
La sensación de bienestar no depende sólo de la situación presente sino también de la seguridad, de que a través del esfuerzo laboral y la administración inteligente se podrá progresar y cumplir las metas personales a futuro.

En este punto se dan dos situaciones: las de salarios, que realmente no permiten tener una capacidad razonable de ahorro, y la de trabajadores o familias que teniendo muy buenos ingresos no saben administrarlos, los despilfarran en tonterías y luego le achacan la culpa al productor de que no ganan lo suficiente.

En cada caso habrá que plantearse diferentes soluciones.

En el primer caso deberé preguntarme como empresario “¿Pueden mis empleados, si trabajan con esmero, esfuerzo y eficacia, y administran bien su dinero, llegar a tener su propia casa, mientras aseguran el bienestar de su familia?”. Si la respuesta es NO, deberé analizar cómo cambiar algún aspecto de la retribución y darles las oportunidades que se merezcan; de hecho conozco grupos de productores que hasta han llegado a organizar planes de vivienda en cuotas para sus empleados.

En el segundo caso, deberé analizar cómo hago para darles ejemplos de trabajadores que en igualdad de condiciones pudieron progresar, o ayudarlos a entender mejor su economía familiar y enseñarles, de alguna manera, los buenos hábitos del ahorro y la lucha contra el efecto depredador de la inflación en la economía familiar.

Alguno podrá pensar: “No es mi responsabilidad enseñarles a administrarse” y, si bien es cierto, hay que plantearse si los problemas económicos de mis empleados no terminan luego repercutiendo en mi actividad cotidiana por todos los reclamos, justos o injustos, que luego me harán o los problemas que me traspasarán y de los cuales, muchas veces, no podré desentenderme.

 

Conclusiones:

– Si me interesa tener buenos empleados, deberé por fuerza asegurarme de que tengan buenas condiciones de vida y trabajo.

– La buena vivienda se puede considerar un aliciente más para el empleado y su familia, además del sueldo y otros premios que se den.

– Si el campo alquilado no cuenta con una vivienda razonable, deberé considerar otras opciones si quiero trabajar con gente adecuada, por ejemplo, construir una casa prefabricada y llevármela si se rescinde el contrato, u otra opción por el estilo.

– El buen trato, la correcta comunicación y la valoración de la opinión ajena también constituyen estímulos para el trabajador, y siempre deben ser sinceros, no simulados.

– Las personas que tienen objetivos claros y saben administrar bien sus ingresos, generan menos problemas que aquellas que son desordenadas y gastadoras.

– Enseñar a resolver conflictos, enseñar pautas de buena convivencia, criterios de sanidad e higiene personal, primeros auxilios, calidad alimentaria, también hacen a la calidad de vida de nuestros empleados, y tener como empleadores la iniciativa de desarrollar estos hábitos y conocimientos es un aporte más al bienestar del personal.

– Trabajar con gente educada en la cultura del trabajo, la austeridad y el sacrificio minimiza los problemas de convivencia. En este aspecto, la buena selección del personal es clave para mejorar todo el proceso.

Ojalá queden ideas para seguir mejorando el bienestar de nuestros empleados.

 

 

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